REFLEXIÓN DEL DÍA

Publicado por Coordinación Grupo en

El cerebro es algo mágico, increíble. Un milagro de la Naturaleza… o de Dios, vaya usted a saber.

Ahí dentro está todo lo que nos hace ser nosotros mismos, sentir, anticiparnos a los problemas y tomar decisiones; recordar de dónde venimos, nuestros errores y aciertos y, saber- más o menos- adónde queremos ir.

Pero a veces, o algo más que a veces, tiende a quedarse en aquel pasado más tiempo del necesario o se dispara al futuro, deseando o anhelando o temiendo lo que está por llegar.

En estos días que nos ha tocado vivir, quizá esto se incrementa y, por supuesto lo multiplicamos por cada persona a la que queremos y no podemos tocar: tus padres o tus hijos y nietos, el “alguien” especial de quien te despediste con un hasta mañana que no llegará pronto… y esa persona cercana a la que no pensabas dejar de ver de un día para otro. En momentos así, días como no pensábamos que viviríamos nunca, la cabeza puede ser la mejor aliada o “la loca de la casa”.

Pero es, precisamente en momentos así, cuando volvemos a darnos cuenta de lo útil de algunas cosas que no todo el mundo comprendió siempre… … Tus raids; “andar por andar”, te decían algunos.

Y lo cierto es que también lo llegaste a pensar, más de una vez y más de dos. -Qué hago yo aquí, con lo bien que se está en casa … Campamentos de lluvia constante, con nuestros pequeños confinamientos y también nuestros héroes afuera, achicando agua y trasladando castores. Y esos papis súper protectores queriendo llevarse a sus hijos, porque jamás ¡nunca jamás! pasaría nada que hiciera útil aquel aprendizaje y esa frasecita estúpida de un jefe “venimos al campamento para que nos pasen cosas” -Qué (taco a elegir) hago yo aquí, con lo bien que se está en casa. Muchos padres, sensibles al llanto de sus hijos cuestionaban todo aquello.

En estos días recuerdo al padre de todo un tropero de forma especial: “estáis descatalogados, es como lo de hacer nudos, pretendéis educar en cosas que ya no sirven para situaciones que ya no pasan”

La verdad es que yo le hablaba de la importancia de la resiliencia en la vida normal: personal, profesional, … Tampoco pensaba yo en una pandemia global, desde luego.

En momentos así recuerdo aquellos “qué hago yo aquí, con lo bien que se está en casa” e imagino que en muchas cabezas ahora todo se vuelve del revés “qué hago yo en casa, con lo bien que se está… en cualquier otro sitio”

Y nos vamos al pasado, o al futuro, o a cualquier otro lado; y a ratos podemos sentirnos solos, abatidos, desgraciados, enfurecidos, Y escuchamos o leemos las noticias (las mismas) 5 veces al día y, como en el raid, nos convencemos con ansiedad de que tras el próximo repecho, seguro que llegamos arriba y empezamos a bajar… como la curva del coronavirus, a ver si se aplana, pero tarda en aplanarse, lo sabemos por otros que andan el mismo camino.

En días como éstos, si es que en algún momento te sientes con esa ansiedad, piensa en lo que hacías en el raid: respiro profundo, tiro del macuto que se ha ido bajando y me centro en los próximos diez pasos.

No siempre se puede andar un kilómetro más, pero diez pasos… eso siempre se puede. Y cuando doy el décimo paso, ya sé que es posible, así que costará menos dar otros 10.

En un raid hay momentos para mirar el paisaje y otros para centrarse en las botas. No dejemos de admirar lo que sucede alrededor y todas sus posibilidades cuando queremos hacerlo, pero no despreciemos mirar a veces el camino que pisamos cuando nos lo pida el alma.

También hay grandeza en nuestros pies.

Ojalá esta noche, cuando nos quitemos las botas al meternos en la tienda, aprendamos de lo pasado, nos preparamos para lo que vendrá mañana, pero no dejemos de dar gracias a Dios por el camino presente.

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