...de raid

 

      ¡ Vamos, levantaros ! Hay que salir rápido. El corazón palpita con fuerza. Después de meses de preparación ha llegado la hora de ponerse en marcha. Todo está ya listo. El macuto, revisado una y otra vez, con sólo lo imprescindible; únicamente dobles techos y la comida repartida.

      En el ambiente se respira ansiedad, prisas y, por qué no, un tanto de nervios ante lo que se avecina.

      ¡ La Biblia ! Algo se me olvidaba, ya sabía yo. Será un poco de peso suplementario, pero merecerá la pena en las noches, las mañanas antes de comenzar la etapa y para cualquier momento de cansancio o alegría. ¡ Sí, en la seta !

      ¡ Eh ! ¿Tú también?, está claro, cómo no ibas a venir. ¿Dónde íbamos a ir sin ti?   Pasa delante, Tú marcarás el ritmo, Tú nos abrirás camino.

¡ Tira, Señor !

 

 

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Índice                                                  

 


 

En el saco.      Volver al índice

"... yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo."  (Mt.28,20)

 

Señor, esta noche me acuerdo de ti, y me acuerdo de ti por todo lo vivido en este día.

Juntos, desde la mañana para comenzar a andar, hasta este momento solos en la noche.

Ha sido un día contigo, con nosotros.

Gracias, Señor, por estar aquí con nosotros, con cada uno, conmigo.

Gracias, Señor, por el descanso que va a permitirme, de nuevo mañana, comenzar contigo y con ellos, el camino.

Gracias, Señor.

 


 

Junto al fuego.      Volver al índice

"Vosotros sois la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad situada en la cima de un monte. Tampoco se enciende una lámpara para taparla con una vasija de barro; sino que se pone sobre el candelero, para que alumbre a todos los que están en la casa. Brille de tal modo vuestra luz delante de los hombres que, al ver vuestras buenas obras, den gloria a vuestro Padre que está en los cielos."  (Mt. 5, 14-16)

 

De nuevo aquí, juntos, Señor.

El fuego encendido me calienta del frío de la noche; su luz me permite ver más claro.

Señor, que tu amor me abrase el corazón, me transforme en luz para mis hermanos.

Que tu amor encienda en mi deseos de tu luz, para mañana ver más claro.

Gracias, Señor, por esta noche, clara, en tu amor.

Gracias, Señor.

 


 

Una dura etapa.        Volver al índice

"Uno de ellos, el discípulo al que Jesús tanto quería, estaba recostado a la mesa sobre el peco de Jesús."  (Jn. 13, 23)

 

Hoy, Señor, ha sido un día muy duro; todos estamos muy cansados.

Pero aun así, me brota del corazón esta acción de gracias, por haberte cargado con nuestro cansancio, por haberte mostrado en mil pequeños gestos.

Gracias, Señor, por darnos ahora la posibilidad de dormirnos en tu regazo.

Gracias, por cuidarnos en esta noche.

Gracias, por velar nuestro sueño.

Gracias, Señor.

 


 

Oración nocturna.   Volver al índice

"Por aquellos días, Jesús se retiró al monte para orar y pasó la noche orando a Dios"  (Lc. 6, 12)

 

Señor, esta noche estamos rezando juntos.

No estamos todos; el cansancio, la pereza, el corte...

Pero Tú, Señor, sí que estás aquí con todos nosotros.

Gracias, Señor, por hacerte uno entre nosotros, por hacerte presente en nosotros.

Gracias, por formar un solo corazón contigo.

Gracias, Señor.

 


 

El macuto.   Volver al índice

"¡Ay de vosotros también, doctores de la ley, que imponéis a los hombres cargas insoportables, y vosotros no las tocáis ni con un dedo!."  (Lc 11, 46)

 

He dejado la mitad en campamento, Señor, y aún así, ¡ me pesa un montón !

Se acopla a mi espalda, forma parte de mí, me acompaña adonde vaya, y sin él, no soy nada.

Gracias, Señor, por moldearme, transformarme, llevarme, y serlo todo para ti.

Señor, gracias por soportarme.

Gracias, Señor.

 


 

El día de padres.   Volver al índice

"Hijos, obedeced a vuestros padres como es justo que lo hagan los creyentes. 'Honra a tu padre y a tu madre'; tal es el primer mandamiento, que lleva consigo una promesa, a saber: 'para que seas feliz y goces de larga vida en la tierra'.

Y vosotros, padres, no exasperéis a vuestros hijos, sino educadlos, corregidlos y enseñadles tal y como lo haría el Señor."  (Ef. 6, 1-4)

 

¿Te acuerdas, Señor, cuando venían a verme? los besos, las golosinas, y, después... la tristeza.

Hoy, Señor, estamos lejos y, en la distancia, aprecio nuestra proximidad.

Gracias, Señor, por mis padres, por sus momentos de preocupación e ilusión, enfado y alegría...

A vosotros, gracias por la vida, y, a ti Señor, gracias por conducirla.

Gracias, Señor.

 


 

Estos pies.   Volver al índice

"¡ Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz, que trae la buena nueva y proclama la salvación, que dice a Sión: 'Ya reina tu Dios'."  (Is. 52, 7)

 

Míralos, Señor, los tengo doloridos, llenos de ampollas, rozaduras, mugre; y los dedos...

Sin embargo, su huella sigue siendo: clara.

Gracias, Señor, por tus pisadas, que siguen siendo: profundas.

Profundas, por cargar con  nuestras faltas que te producen dolores, ampollas, rozaduras, mugre, y, que sin embargo, soportas dispuesto a abrirnos camino.

Gracias, Señor.

 


 

Día de descanso.   Volver al índice

"Venid a mí todos los que estáis fatigados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy sencillo y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras vidas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera."  (Mt. 11, 28-30)

 

¡ Por fin ha llegado, Señor !; un día de descanso, relax, recuperación.

Iban pasando los días y el cansancio se acumulaba, los pies se hacían polvo y las fuerzas flaqueaban.

Gracias, Señor, por ser el descanso de los fatigados, el alivio de los agobiados.

Señor, gracias por ser nuestro sosiego, nuestro relajo.

Gracias, por llevarnos en tus brazos cuando nos sentimos desfallecer, cuando llegan momentos de angustia, sufrimiento; por no abandonarnos, por darnos tu descanso.

Gracias, Señor.

 


 

La roca.   Volver al índice

"Os diré a quién es semejante todo el que viene a mí, escucha mis palabras y las pone en práctica. Es semejante a un hombre que, al edificar su casa, cavó hondo y la cimentó sobre roca. Vino una inundación, y el río se desbordó contra esa casa; pero no pudo derruirla, porque estaba bien construída."  (Lc. 6, 48)

 

Señor, esa roca es fantástica, ahí plantada, en medio; se diría que lleva ahí una eternidad.

Sí, una eternidad llevas Tú, Señor, siendo la roca a la que agarrarse; una eternidad sosteniendo mi debilidad, sujetándome de la caída.

Gracias, Señor, por ser mi roca, la roca donde me pongo a salvo, donde me guarezco, donde me refugio.

Gracias, por tu firmeza.

Gracias, Señor.

 


 

Amanece ya.   Volver al índice

"Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el sol que nace de lo alto, para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte,  para guiar nuestros pasos por el camino de la paz."                                                 (Lc. 1, 78-79)

 

Señor, amanece ya y aún todos dormidos.

Los primeros rayos clarean la oscuridad y crean un nuevo paisaje, distinto al de anoche cuando llegamos.

Quiero dedicarte a ti, Señor, mis primeras luces, pensamientos, palabras.

Quiero mirarte a ti lo primero, Señor; agradecerte, antes de nada, este nuevo día que nos regalas.

Que cuando llegue la noche, pueda decirte:

Gracias, Señor, por este día.

 


 

Cansados.   Volver al índice

"Jesús, cansado por la caminata, se sentó junto al pozo. Era cerca de mediodía."  (Jn. 4, 6)

 

Señor, cansadas tengo las  piernas, pies, cuerpo, mente, de tanto andar hoy, ¡ y aún queda... !

Siéntate, Señor, aquí a mi lado, y cuéntame tus cansancios, fatigas, sufrimientos; los míos no son nada cuando me muestras tu cuerpo, corazón, y alma.

Pero, ¡ si yo estoy ahí, sobre tus espaldas, Señor !

Señor, gracias por cargar Tú con mis cansancios, fatigas, sufrimientos.

Gracias, Señor.

 


 

En la cumbre.   Volver al índice

"...subió al monte para orar a solas. Al llegar la noche estaba allí solo" (Mt. 14, 23)

 

Señor, desde aquí arriba, sí que se te ve cerca y también muy lejos.

Cerca, porque después de haber subido juntos, ahora estás aun a mi lado.

Lejos, porque hasta donde alcanza mi vista, allí te contemplo.

Gracias, Señor, por bajar a nosotros; gracias por permitir nuestro encuentro.

Señor, gracias por subirnos con tus brazos; gracias, por encontrarnos.

Gracias, Señor.

 


 

La cantimplora.   Volver al índice

 

"Si alguien tiene sed, que venga a mí y beba. Como dice la escritura, de lo más profundo de todo aquél que crea en mí, brotarán ríos de agua viva."  (Jn. 7, 37)

 

¡ Qué sed tenía, Señor ! Este trago de agua me ha sentado fenomenal.

No hemos encontrado nada de agua por el camino, y es de agradecer el haber sido previsores llenando las cantimploras antes de salir.

Sin embargo, Señor,  continúo sediento, sediento de ti: necesito de tu agua, de tu frescor...

Gracias, Señor, por ser la fuente donde saciar mis necesidades; por conducirme hacia fuentes tranquilas donde reparar mis fuerzas.

Gracias porque mi corazón rebosa contigo.

Gracias, Señor.

 


 

Perdona.         Volver al índice

"Cuando oréis, perdonad si tenéis algo contra alguien, para que también vuestro Padre celestial os perdone vuestras culpas."  (Mc. 11, 25)

 

Hoy, Señor, ha habido algunos problemas y hemos llegado a enfadarnos.

Ya son varios días de Raid y comienzan a aparecer pequeños roces.

Perdónanos, Señor, por nuestra poca paciencia, por nuestros prejuicios, por nuestra falta de escucha.

Danos la humildad suficiente para acercarnos al otro y pedirle el perdón.

Gracias, Señor, por tu paciencia, comprensión, escucha.

Gracias por acogernos en tu amor, por tu perdón.

Gracias, Señor.

 


 

Rezando juntos.   Volver al índice

"Os aseguro que, si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir cualquier cosa, la obtendrán de mi Padre celestial. Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos." (Mt. 18, 19-20)

 

Señor, que gozada estar ahora aquí, todos juntos, contigo, alrededor de esta vela y meditando  tu palabra.

Que maravilla el estar aquí compartiendo entre nosotros, lo que Tú has puesto en nuestros corazones; compartiendo contigo, lo que nosotros hemos descubierto en tu corazón.

Gracias, Señor, porque ahora aquí, somos algo más que amigos: somos hermanos, contigo.

Gracias porque así, reunidos, Tú escuchas nuestra oración; porque así, unidos, somos comunión.

Gracias, Señor.

 


 

Es tarde.   Volver al índice

 

"Al llegar a la aldea adonde iban, Jesús hizo ademán de seguir adelante. Pero ellos insistieron diciendo."Quédate con nosotros, porque es tarde y está anocheciendo. Y entró para quedarse con ellos". (Lc 24-29)

 

Señor, anochece ya y se va haciendo tarde.

Porque cada vez se hace más oscuro y es fácil perder el camino, ¡no nos dejes solos, Señor, y quédate con nosotros!

Por todo lo que en este día hemos dejado de hacer; por todo lo que no hemos hecho bien, es por lo que ahora te decimos:

perdónanos, Señor, y quédate con nosotros!

Por tu cariño regalado a cada paso, tu aliento en cada descanso, y tu compañía en todo momento, ahora es cuando te decimos:

¡ gracias, Señor, por queremos !

¡ gracias, Señor, por quedarte !

 


 

El hambre.   Volver al índice

 

"Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no volverá a tener hambre."  (In 6,35)

¡Haber si terminan ya de preparar la comida porque tenemos un hambre Señor!

Aquí, en medio de la montaña y con lo cansados que estamos, una buena comida viene de maravilla.

Pero sácianos, Señor, también de ti, porque queremos sentimos satisfechos, llenos de tu amor.

Gracias Señor, por ser nuestro alimento, el pan de vida, nuestro sustento.

Gracias por habernos querido tanto y haberte hecho carne de nuestra carne.

Gracias Señor.

 


 

El aldeano.   Volver al índice

 

"Aquel mismo día, dos de los discípulos se dirigían a una aldea llamada Emaús, que dista de Jerusalén unos once kilómetros. Iban hablando de todos estos sucesos.

Mientras hablaban y se hacían preguntas, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos Pero sus ojos estaban ofuscados y no eran capaces de reconocerlo."  (Lc 24, 13-15)

 

Buena gente hay por aquí, Señor, como este buen hombre que nos ha indicado el camino, no sin antes un simpático rato de charla.

¡ Cuántas personas hay en el mundo dispuestas a echar una mano!

Gracias, Señor por todos y cada uno de los que se cruzan con nosotros; por sus palabras, gestos, ayudas.

Hazte reconocible en cada uno, que en sus rostros veamos el tuyo.

Gracias por acompañamos también en ellos.

Gracias, Señor.

 


 

Las estrellas.   Volver al índice

 

"-¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer? Hemos visto su estrella en el oriente y venimos a adorarlo." (Mt 2,2)

¿No es impresionante, Señor, esta noche oscura, sin Luna; este cielo repleto de estrellas formando figuras e iluminando el universo?

¡Allí la Osa Mayor, Orión, Casiopea...!

Gracias, Señor, por este inmenso espectáculo, por esta grandiosa función que, noche tras noche, nos ofreces.

Gracias por ser nuestra estrella, la que nos guía, acompaña.

Señor, gracias por ser fiel como ellas, noche tras noche.

Gracias, Señor.

 


 

La herida.   Volver al índice

 

"Un samaritano que iba de viaje, al llegar junto a él y verlo, sintió lástima. Se acercó y le vendó las heridas, después de habérselas curado con aceite y vino; luego montó en su cabalgadura, lo llevó al mesón y cuidó de él." (Lc 10,33-34)

Me he hecho polvo, Señor, pero podré terminar el Raid.

Sin embargo, esto no es nada viéndote a ti, lo que sufriste y aún hoy sufres.

Gracias, Señor, por alargar la mano y levantarme en cada caída, por tocar mi herida y curarme, por mirar mi corazón y liberarme.

Gracias por escuchar mi aflicción y sanarme.

Gracias, Señor.

 


 

Contra-reloj por equipos.    Volver al índice

 

"Jesús se sentó, llamó a los doce y les dijo: El que quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos." (Lc 9,35)


¡Qué pasada, Señor, nunca había andado tan rápido y todo en un ambiente de sana competición!

Realmente agotados y simplemente por el gusto de competir.

¡Ojalá, Señor, fuese tan deprisa detrás de ti, y sin esperar recompensa alguna!

Gracias Señor por estar siempre ahí, esperándonos; por animamos y alentamos.

Gracias por alegrarte a nuestra llegada, la de todos y en especial de los últimos, los que Tú más quieres.

Señor, gracias por ser el premio para los más débiles.

Gracias, Señor.

 

 


 

El canchal.   Volver al índice

 

"Cualquiera puede caminar sin miedo a tropezar, porque la luz de este mundo ilumina su camino. En cambio, si uno anda de noche, tropieza, porque le falta la luz."  (Jn 11,9-10)

¡Que difícil es avanzar en este terreno Señor se diría que a cada paso adelante retrocedes otro tanto!

Gracias Señor, porque cada paso hacia ti no tiene retroceso, porque cada paso hacia ti es seguro para mi.

Gracias porque eres Tú quien me allana el sendero, porque eres Tú quien aparta la piedra para que mi pie no tropiece.

Señor, gracias por ser mi bordón donde apoyarme y sentirme seguro.

Gracias, Señor

 


 

A la sombra.   Volver al índice

 

"-¿Con qué compararemos el reino de Dios o con qué parábola lo expondremos?

Sucede con él lo que con un grano de mostaza. Cuando se siembra en la tierra, es la más pequeña de todas las semillas. Pero, una vez sembrada, crece, se hace mayor que cualquier hortaliza y echa ramas tan grandes que las aves del cielo pueden anidar a su sombra." (Mc 4,30-32)

 

Me quedaría aquí todo el día, Señor, pero hay que seguir para poder llegar a tiempo.

Gracias Señor por no dejar que nos instalemos, por ponernos siempre en camino.

Gracias por aliviarnos de nuestros sudores, poder seguirte más ligeros, más frescos; y dejarnos guiar a través de calores, desiertos, soledades.

Señor, gracias por cubrimos con tu palma.

Gracias, Señor.

 


 

La alarma.         Volver al índice

 

"Dichosos los criados a quienes el amo encuentre vigilantes cuando llegue. Os aseguro que se ceñirá, los hará sentarse a la mesa y se pondrá a servirlos. Si viene a media noche o de madrugada, y los encuentra así, dichosos ellos."  (Lc 12,37-38)



¡Mira que lo esperábamos, Señor y sin embargo nos ha pillado de sorpresa!

No ha tenido nada de agradable, pero ninguna situación límite lo tiene.

Señor, que todo esto nos prepare para servir mejor a los demás, para reaccionar ante las necesidades de los otros.

Gracias, Señor, por mostrar la necesidad que tienes de nosotros, por la urgencia de nuestra atención.

Gracias por llamar nuestra atención.

Gracias, Señor.

 


 

La senda.   Volver al índice

 

'Me enseñarás la senda de la vida, me llenarás de gozo en tu presencia, de felicidad eterna a tu derecha."  (Sal 16,11)

¡Menos mal que hemos encontrado el sendero, Señor! porque andábamos un poco perdidos.

Es magnífico tener un camino que seguir, aunque esté mínimamente marcado.

Gracias, Señor, por mostramos el camino hacia ti, por señalamos la senda que lleva a ti.

Gracias por haberte hecho camino visible, sendero seguro.

Señor, gracias por mostrarte cuando andamos perdidos, por hacerte visible para seguirte.

Gracias, Señor.

 


 

Silencio.   Volver al índice

 

"Cuando ores, entra en tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto." (Mt 6,6)

Señor, ¿escuchas algo... el canto de los pájaros, el murmullo del agua, el griterío lejano?

¿Y dentro, en mi interior?  Yo, escucho el silencio.

El silencio del que se anonada, enmudece, alucina, admira.

El sonido de tu palabra, el atractivo de tu mirada, el calor de tu corazón.

Gracias, por este silencio que llena de sonidos tu presencia, por este silencio que es tu música en mi corazón.

Gracias, Señor.

 

 


 

La Unidad.   Volver al índice

 

"A él se debe que todo el cuerpo, bien trabado y unido por medio de todos los ligamentos que lo nutren según la actividad propia de cada miembro, vaya creciendo y construyéndose así mismo en el amor " (Ef 4, 16)

Quién lo iba a decir, ¿verdad, Señor? de cuando empezamos el curso a vernos ahora.

Todos tan distintos y, sin embargo, tan unidos; se diría que ahora somos uno sólo.

Gracias, Señor, porque en la diferencia encontramos nuestra riqueza, en la desigualdad hallamos nuestra unidad.

Gracias por ir construyendo nuestra amistad, por ser Tú uno más con nosotros.

Gracias, Señor.

 

 


 

En Consejo.   Volver al índice

 

"¡ Que den gracias al Señor por su amor, por las maravillas que hace con los hombres!

           Aclámenlo en la asamblea del pueblo. Alábenlo en el consejo de los ancianos." (Sal 107,31-32)

Antes de empezar el consejo, Señor, tenemos que pedirte que nos acompañes durante estas horas con tu sabiduría, prudencia, tacto, serenidad, caridad.

Danos la palabra justa, la mirada clara, la escucha atenta en todo momento.

Haznos capaces de aceptar los fallos con humildad, escuchar los aciertos sin orgullo.

Gracias, Señor, porque, ya desde ahora, sabemos que será un éxito; porque Tú nos ayudarás a crecer aún más en el amor.

Gracias, Señor.

 


 

Ultimo día.   Volver al índice

 

"Señor, dame a conocer mi fin, y cuantos van a ser mis días; que me de cuenta de lo frágil que soy.
       Me diste sólo un puñado de días, mi vida no es nada ante ti; el hombre es como un soplo fugaz, como una sombra que pasa; se afana por cosas fugaces; atesora, sin saber para quién será."
(Sal 39, 5-7)

Parece que fue ayer cuando salimos y ya estamos de vuelta; se me ha pesado volando, Señor!

Han sucedido tantas cosas, ha habido tantos momentos intensos...

Gracias, Señor, por estos diez días, por cada jornada, por cada hora, por cada instante

Gracias por todos mis compañeros, por cada uno, por mis hermanos; por haber estado presente cada día, a cada hora, en cada instante.

Gracias, Señor.


 

... y ahora tú.

 

        Cada instante, cada situación, puede convertirse en un precioso momento de encuentro con el Señor, en un cara a cara, corazón a corazón, en oración. Todo puede ser visto con los ojos, la mirada del Señor, y traducirse en alabanza y acción de gracias para con él.

        Vivir intensamente cada instante en su presencia; descubrirlo allí donde se hace visible; disfrutar de él en lo más sencillo, en lo más cotidiano; ser feliz junto a él, con él, en él. A todo ello te he estado invitando, nos ha estado llamando.

        Ahora, allí donde estés, eres tú quien tiene que continuar esta "aventura": en tu familia, en tus estudios, en tu trabajo... Descubre su rostro, goza con él,  y no te calles. Grítalo a los cuatro vientos y que otros muchos te oigan, que otros muchos descubran "la aventura del encuentro con Dios"

                     ¡Animo!. Y recuerda:

"con la ayuda de Dios... que ha acampado entre nosotros, que habita en tu corazón".

¡Buena caza!

 

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